Bloqueo creativo: Cuando nada fluye
- Rafa Miranda
- 2 jun 2025
- 4 Min. de lectura
convivir con el bloqueo creativo y seguir escribiendo
El silencio en la mente del escritor
Hay momentos en los que la página en blanco no intimida; simplemente parece que no existe. Uno se sienta frente al computador o a la libreta con la rutina de siempre, el café humeante a un lado y los dedos listos para comenzar, pero nada ocurre. No hay ideas, no hay diálogos, no hay escenas. El mundo narrativo, que a veces es tan ruidoso y demandante, ha hecho silencio. Y no es un silencio productivo. Es un silencio seco. Ahí comienza el bloqueo creativo.
En esta entrada, quiero hablarte desde la honestidad de quien escribe, no desde la certeza de un gurú. No tengo una fórmula mágica para vencer el bloqueo, pero sí tengo una convicción: se puede seguir escribiendo incluso cuando no fluye.

El mito del escritor siempre inspirado
En la cultura popular se ha romantizado la imagen del escritor poseído por la musa: alguien que escribe a borbotones, que se despierta en la noche a tomar notas de ideas brillantes, que entra en trances creativos mientras el mundo exterior se desvanece. Y aunque esos momentos existen, no son la regla. La escritura, como cualquier disciplina, tiene sus fases ásperas. Ignorar eso sólo profundiza la frustración.
Durante la escritura de La orquídea negra, mi segunda novela, he vivido distintos tipos de bloqueos: desde los que me impiden saber qué sigue en la trama, hasta los que me hacen dudar de todo lo que he escrito antes. Incluso he sentido culpa por no producir al ritmo que "debería". Pero con el tiempo he aprendido que el silencio también hace parte del oficio.
Tipos de bloqueo que he experimentado
Bloqueo narrativo: No saber cómo continuar una escena o qué viene después. Me pasa especialmente cuando intento forzar una acción que los personajes no quieren tomar.
Bloqueo emocional: Cuando escribir ciertas escenas implica remover emociones propias o cercanas que no siempre quiero o puedo tocar.
Bloqueo de confianza: Dudar de mi estilo, de la historia que estoy contando, de si todo vale la pena.
Bloqueo técnico: Sentir que me faltan recursos para narrar ciertas cosas. Como si supiera qué quiero contar pero no cómo lograr que funcione.
Lo que he aprendido sobre convivir con el bloqueo
No siempre se trata de vencer el bloqueo. A veces se trata de acompañarlo, de observarlo sin pelear con él. Y de seguir escribiendo, aunque sea de otro modo. Estas son algunas estrategias que me han servido:
1. Escribir otras cosas
Cuando me bloqueo con la novela, escribo el blog. O una carta. O un diario. O una descripción de algo que vi ese día. Escribir, aunque sea lateralmente, mantiene el músculo activo. A veces, esas páginas laterales se convierten en parte del proyecto mayor.
2. Volver a la investigación
En La orquídea negra hay mucho trabajo de investigación: demonología, psicología criminal, simbología floral. Cuando no sé qué escribir, vuelvo al archivo. Leo, busco, conecto. La historia no avanza en el papel, pero sí en la mente. Y tarde o temprano, eso revienta en palabras.
3. Leer a otros
Leer alimenta. No sólo de ideas sino de ritmos, de estructuras, de formas distintas de abordar el silencio. Leer a Pilar Quintana, Camilla Läckberg, Marai o Tolkien me recuerda que el silencio también es parte del proceso.
4. Releer lo que ya escribí
Volver a lo que ya está escrito me ayuda a recordar el tono, la intención, el motor de la historia. A veces, el impulso para continuar está justo atrás.
5. Salir a vivir
Parece obvio, pero es fácil olvidarlo: escribir no lo es todo. La vida también escribe. Salir a caminar, conversar con alguien, ver una película, cuidar una planta... todo eso hace parte del trabajo. El silencio también se llena desde afuera.
El bloqueo como síntoma, no como enemigo
Con el tiempo he entendido que el bloqueo no siempre es una falla. A veces es una señal. De que estoy forzando una acción. De que no he escuchado bien a mis personajes. De que me desconecté del tono. De que estoy cansado. De que necesito volver a leerme a mí mismo.
Escuchar el bloqueo como una alarma, no como una condena, ha cambiado mi forma de escribir. No significa que deje de hacerlo. Significa que lo hago con más atención.
Final: seguir, incluso en silencio
El bloqueo no tiene que paralizarte. Puede ser un compañero silencioso, un espejo que te recuerda que el oficio de escribir también es saber esperar. Y que escribir no siempre es producir: a veces es sostener una historia adentro, hasta que esté lista para salir.
Si estás bloqueado, no te sientas fracasado. Estás en una de las muchas estaciones del viaje. Y aunque hoy no fluya, aunque hoy no escribas nada que "valga la pena", estás más cerca de retomarlo de lo que crees.
Escribir también es eso: quedarse. Incluso cuando todo parece quieto.
¿Cómo afrontas el bloqueo creativo? Te leo en los comentarios.




Querido colega y amigo:
Efectivamente, el bloqueo no debería ser un elemento paralizante en nuestra labor creativa. De hecho, en mi caso al menos, un alto de vez en cuando en el camino apasionante en el proceso de elaboración nos puede servir para reflexionar, para "mirarnos por dentro", para ver una panorámica del trabajo realizado y darnos cuenta de dónde venimos y adónde vamos. Y fuera del teclado y de la pantalla del ordenador o del block de papel, también hay vida. Una vida que no podemos dejar de lado porque, al fin y al cabo, nos nutrimos de ella, como autores y como seres vivos, sintientes, corrientes y molientes, y nunca se debe separar nuestro "yo" escritor de nuestro…