El mapa de los lugares donde me sentí escuchado
- Rafa Miranda
- 7 oct 2025
- 3 Min. de lectura
No son muchos. No son ruidosos. Pero existen.
He recorrido muchos espacios en mi vida, muchos escenarios, muchas aulas, muchas ciudades… pero si me preguntan dónde me he sentido realmente escuchado, no señalaría puntos geográficos en un mapa de los lugares que conozco. Señalaría voces. Momentos. Silencios.
Diría: ahí, cuando mi esposa me miró con esa calma suya, y entendí que podía dejar de fingir que lo tenía todo claro. Ahí, cuando mi hija y yo hablamos no como padre e hija, sino como dos seres humanos vulnerables que se atreven a preguntarse si lo están haciendo bien. Y también ahí, cuando escribí algo que me dolía y alguien me escribió de vuelta para decirme: “yo también lo sentí”.

Donde todo está sobre la mesa
Con mi esposa no hay máscaras. Ni siquiera esas que uno no sabe que está usando. Con ella todo está sobre la mesa, y eso ha sido una forma de libertad que no sabía que necesitaba. Con ella he hablado de lo que me pesa, de lo que me asusta, de lo que no sé poner en palabras… y sin quererlo, esas palabras han ido apareciendo.
Con mi hija ha sido distinto, pero igual de profundo. He descubierto en ella una aliada emocional. Le he hablado de mis miedos de padre, de mis dudas, de mis inseguridades. Y ella me ha respondido no con juicio, sino con una sabiduría que a veces me cura. Me ha enseñado que ser padre no es ser perfecto, sino estar dispuesto a mirar(se) con honestidad.
El hogar como territorio de escucha
No todos los hogares son territorios seguros. Pero el nuestro lo es. Y no hablo de paredes ni de metros cuadrados, sino de lo que ocurre dentro: de las conversaciones que podemos tener sin miedo, de la ternura que aparece sin agenda, de la posibilidad de decir: “esto soy” y no recibir una corrección, sino una caricia.
Ese es el lugar donde me siento yo mismo. Donde puedo hablar sin armar frases elegantes. Donde no tengo que enseñar nada ni demostrar nada. Donde puedo simplemente ser.
La escritura como espejo
A veces también me escucho cuando escribo. Es extraño decirlo, pero es verdad. Es como si al escribir pudiera por fin ponerle nombre a todo eso que me atraviesa y que no sé decir en voz alta.
He tenido lectores que han notado en mis textos cosas que yo mismo no había visto. Me han dicho: “en esta escena estabas diciendo algo muy profundo sobre ti”. Y sí… tenían razón. No lo sabía cuando lo escribí, pero lo sentí. Y lo confirmé al releerlo con sus ojos.
La escritura me libera. Me ordena. Me expone. Pero también me salva.
Cuando alguien escucha de verdad, uno cambia
Mi hermana, por ejemplo, me ha sabido leer con el corazón. Y con ella también he tenido esa sensación de ser visto más allá de las palabras. Creo que todos necesitamos, al menos una vez en la vida, sentir eso. Que alguien nos escuche sin interrumpirnos. Sin corregirnos. Sin querer tener razón.
Esa experiencia te marca. Te transforma. Te enseña que la escucha no es pasiva: es profundamente activa, incluso cuando está en silencio.
Y tú, ¿Cuál es el mapa de los lugares donde te sentiste así?
No siempre lo sabemos de inmediato. A veces nos damos cuenta después. Porque no se trata solo de recordar lo que dijimos, sino de cómo nos sentimos al decirlo. ¿Había miedo? ¿Había alivio? ¿Había algo que se liberó?
Si estás leyendo esto y también tienes un mapa emocional de esos lugares donde sentiste que podías hablar sin disfrazarte, me encantaría leerte. ¿Quién te escuchó sin apurarte? ¿Dónde te sentiste tú, sin máscara? ¿Qué se dijo que todavía resuena?
Déjame tu historia en los comentarios, o compártela con alguien que te haya escuchado así. Porque esos momentos, aunque pequeños, son los que nos construyen por dentro.



Hola hola, tienes razón muchas veces aquello que sentí no puedo situarlo en un lugar, ni siquiera una fecha, fue solo un momento que me llegó por el aire. Pero lo suficiente fuerte para que me inspirara para escribirlo. Adiós adiod
Me encanta leer los que escribes, porque asi me puedo conectar mejor con tu ser interno.