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Cómo saber que un capítulo está listo

la intuición del escritor

Podríamos reescribir un capítulo cien veces. Cambiar una palabra, un ritmo, una frase que “no suena del todo bien”. Volver al inicio, leerlo en voz alta, sentir que algo todavía no encaja del todo. Y sin embargo… hay un momento, casi imperceptible, en que algo dentro de ti dice: ya está. No perfecto. No terminado para siempre. Pero listo para dejarlo ir.

No es una ciencia exacta, sino una intuición que uno desarrolla con los años. Un eco interno, una certeza suave que te susurra que ese capítulo, por ahora, ya ha dicho lo que debía decir.


Un capítulo está listo
Dejar ir el capítulo


El impulso de seguir puliendo

Hay algo profundamente humano en querer mejorar lo que hemos creado. Y la escritura es particularmente traicionera en ese aspecto, porque siempre se puede pulir más. Una escena puede sonar más fluida, una metáfora puede ser más precisa, un diálogo puede ser más elocuente. Pero si no sabemos poner un límite, caemos en la trampa del perfeccionismo. Un perfeccionismo que nunca llega a publicar, que guarda textos como secretos eternamente inacabados.

Yo mismo he caído en ese abismo. He reescrito capítulos enteros sólo para regresar, semanas después, a la versión original. O para terminar mezclando elementos de ambas, hasta encontrar un punto que no era ni lo uno ni lo otro, pero era el necesario. Con el tiempo, aprendí a reconocer el momento en que un capítulo ya no me necesitaba.


La voz del cuerpo, no sólo de la mente

Curiosamente, cuando un capítulo está listo, no es solo una idea: es una sensación corporal. A veces lo siento como un suspiro interno. A veces como una leve sonrisa. O una emoción que me atraviesa al leerlo en voz alta. No hay una fórmula universal, pero el cuerpo sabe. Es esa pequeña liberación cuando terminas de leer y ya no hay fricción.

La mente aún puede querer intervenir: “¿Y si cambias este adjetivo?”, “¿y si pruebas otro orden para este párrafo?”. Pero si el cuerpo ya hizo las paces con el texto, suele ser buen momento para decir: “lo dejo ir”.


Dejarlo respirar

También he aprendido a dejar reposar los capítulos. A veces, lo que hoy no me convence, mañana me parece maravilloso. Y viceversa. Leer con distancia, con ojos ajenos, puede ayudarte a decidir. En ocasiones, un lector beta, una amiga escritora, una pareja lectora, puede darte esa perspectiva externa que tú ya no tienes por tanto mirar desde adentro.

Pero, aun con todas esas ayudas, el último veredicto lo da esa voz interior que sabe que el capítulo está completo, que ya tiene ritmo, alma, coherencia y emoción. Que puede sostenerse de pie.


Saber cuándo un capítulo está listo también es un acto de madurez

No se trata de conformarse, sino de entender que la búsqueda de la perfección puede matar la autenticidad. Hay un momento en el que seguir editando significa traicionar la emoción original. Y ahí, detenerse es un acto de respeto por lo que el capítulo quería ser.

Porque escribir no es solo construir, sino también soltar. Y saber soltar un capítulo —aunque parte de ti quiera seguir con él— también es parte del oficio del escritor.


Y tú, escritor o lectora que me lees…¿Has sentido alguna vez ese instante en el que supiste que tu texto ya no necesitaba más retoques? ¿Cómo lo reconoces tú? Te leo en los comentarios del blog o en mis redes. Porque a veces, hablar de lo que nos pasa al escribir, también nos ayuda a escribir mejor.

 
 
 

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