El papel de las emociones en la narrativa
- Rafa Miranda
- 8 ene 2025
- 3 Min. de lectura
¿Cómo crear historias que conecten?
Si hay algo que he aprendido como lector y escritor es que las historias que realmente se quedan con nosotros no son necesariamente las más elaboradas en su trama, sino las que logran tocarnos emocionalmente. Las emociones son el corazón de la narrativa, el puente invisible que conecta al lector con los personajes y el mundo que habitan. Pero ¿cómo logramos que nuestras historias sean más que palabras en una página? Hoy quiero reflexionar sobre este proceso y compartir algunas ideas y experiencias.
Las emociones en la narrativa crean humanidad

Al inicio de Cien años de soledad, Gabriel García Márquez nos lleva al momento en que Aureliano Buendía recuerda el día en que su padre lo llevó a conocer el hielo, justo antes de enfrentarse al pelotón de fusilamiento. Ese inicio no solo establece un marco intrigante para la historia, sino que también nos permite conocer una de las memorias más humanas y universales: la nostalgia. En una sola frase, Gabo logra que Aureliano sea más que un personaje; lo transforma en alguien real, cercano, humano. Esto me inspira a buscar momentos que reflejen la esencia de mis propios personajes y que resuenen con mis lectores.
En mi novela La semilla de la locura, por ejemplo, el primer vistazo que damos a la mente del asesino no es para justificar sus actos, sino para mostrar un fragmento de su humanidad rota. Quiero que los lectores se sientan perturbados, no sólo por sus acciones, sino porque, de alguna manera, pueden entender de dónde vienen sus emociones. Cuando logramos que los lectores sientan esa incomodidad, esa conexión, hemos ganado su atención.
Escribir desde las propias emociones
Creo firmemente que para escribir historias verdaderas, necesitamos sentir con nuestros personajes. Cuando escribí la escena en la que Penélope, uno de los personajes principales de La semilla de la locura, experimenta una conexión casi esperanzadora con su hija tras años de dolor, yo mismo estaba al borde de las lágrimas. Esa vulnerabilidad personal impregnó cada palabra de esa escena. Y aunque me desgastó emocionalmente, también dio como resultado una de las secciones más poderosas de la novela, según mis lectores.
Si no sentimos lo que nuestros personajes sienten, corremos el riesgo de escribir historias frías, distantes, que no logran conectar. Mi consejo para los escritores es sencillo: permítanse llorar, reír, sentir miedo o esperanza mientras escriben. Esas emociones auténticas son las que construirán puentes hacia sus lectores.
Dosificación de emociones: el arte del ritmo narrativo
Una de las mayores virtudes que me han mencionado mis lectores sobre La semilla de la locura es su ritmo. Crear un ritmo narrativo que enganche implica dar y retener, como un músico que sabe cuándo tocar una nota alta y cuándo permitir el silencio. Esto también se aplica a las emociones: no podemos bombardear al lector constantemente, pero tampoco podemos dejarlos indiferentes. El equilibrio es clave.
Piensa en tus historias como una sinfonía. La intriga inicial es como un preludio que atrae, pero el crescendo emocional debe venir en los momentos adecuados, cuando el lector ya está invertido en los personajes. Ese ritmo es lo que crea una experiencia inolvidable.
Menos es más: deja espacio para el lector
Una de las grandes lecciones que aprendí escribiendo es que no necesitamos darlo todo en la primera página, ni siquiera en el primer capítulo. Los lectores disfrutan descubriendo los secretos de la historia y llenando los vacíos con su propia imaginación. Al escribir, confía en que ellos también tienen emociones y experiencias que complementarán lo que les estás ofreciendo.
Por ejemplo, en La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, el autor no sólo nos introduce a Daniel y el Cementerio de los Libros Olvidados, sino que también nos sumerge en una Barcelona oscura y misteriosa. Zafón sabe que no tiene que describir cada rincón; su prosa nos da pistas y nos permite imaginar el resto. Este enfoque activa al lector y lo hace parte del proceso.
El hilo invisible
Las emociones son el hilo invisible que conecta a los lectores con las historias. Como escritores, tenemos el privilegio y la responsabilidad de tejer ese hilo con cuidado, autenticidad y empatía. Ya sea a través de un inicio memorable, una escena desgarradora o un ritmo cautivador, nuestro trabajo es hacer que los lectores sientan, reflexionen y, sobre todo, recuerden.
Ahora te pregunto: ¿cuáles son las historias que más te han tocado emocionalmente? ¿Qué estrategias usas como escritor para crear esa conexión? Me encantaría leerte en los comentarios y seguir esta conversación. ¡Nos vemos en el próximo artículo!




Tienes mucha razón en lo que dices. El ritmo es muy importante como lo es también transmitir las emociones de nuestros personajes. Algo que yo uso bastante es escribir sus pensamientos, a veces al mismo tiempo que hablan y el lector se da cuenta de que no dicen lo que piensan, a veces por educación y otras con intención de engañar. Creo que funciona