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Escribir el silencio

Cuando lo que no se dice pesa más que las palabras

Hay escenas que uno nunca olvida, no por lo que dicen, sino por lo que callan. En literatura, el silencio puede ser una de las herramientas más poderosas del escritor. No siempre se necesita una línea brillante o un monólogo desgarrador para que el lector sienta algo profundo. A veces, basta con una pausa. Un suspiro. Un personaje que desvía la mirada. Una palabra que se queda atascada en la garganta.

Lo no dicho tiene un peso. Y ese peso, cuando está bien colocado en una historia, puede hundirnos en las emociones más densas.


Escribir el silencio
Escribir el silencio

Gabriel: el silencio como herida

En La semilla de la locura, el personaje de Gabriel arrastra un trauma tan profundo que apenas puede ser nombrado. No porque no tenga palabras, sino porque su dolor vive en el terreno de lo indecible. Lo que Gabriel calla es lo que más habla de él: su historia, su identidad, su manera de moverse por el mundo están marcadas por todo aquello que se ha guardado para sí. En su personalidad se ponen en juego las capas más espesas del silencio: el miedo, la culpa, la soledad.


Penélope y la vida interior no nombrada

Otro de mis personajes, Penélope, es un océano contenido. En su historia, lo que no se dice pesa tanto como lo que se verbaliza. Su forma de caminar por la vida, de acercarse a su hija, de sostenerse sin derrumbarse, está construida sobre una estructura de pensamientos y emociones que no siempre encuentran salida. Pero el lector los siente. Y ahí está la clave.


Escribir sin explicarlo todo

Como lector y como escritor, creo que explicarlo todo es subestimar al lector. Las buenas historias no lo hacen. Dejar vacíos, permitir zonas de sombra, es darle espacio al lector para habitar la historia con su propia humanidad. Escribirlo todo es invadir ese espacio íntimo entre lector y personaje; es negarles el derecho de completar la historia desde su sensibilidad.

Además, cuando se trata de construir horror —o emoción intensa—, lo implícito puede ser más perturbador que lo explícito. ¿Qué puede ser más inquietante que un personaje que sonríe mientras guarda un secreto inconfesable?


Lecturas que me enseñaron a callar

He aprendido mucho de libros que manejan el silencio con maestría. El último encuentro, de Sándor Márai, es un ejemplo perfecto. Toda la novela gira en torno a una conversación postergada durante décadas, llena de lo que no se dijo, de lo que se retuvo hasta que se volvió veneno. Cada página está cargada de una tensión que nace precisamente del silencio.

El gran Gatsby también me dejó una huella similar. Hay un momento en el que Daisy llora, supuestamente de felicidad, y no logra confesar lo que realmente siente. Ese silencio —esa palabra no dicha— grita. Y en ese grito mudo está la esencia de su personaje.


Cuando escribir duele

Escribir desde el dolor no significa construir escenas lacrimógenas. Significa mirar con honestidad el sufrimiento humano, sin disfraces ni exageraciones. En La semilla de la locura, hay una escena en la que Penélope, por primera vez, siente que su hija la está viendo. No hubo una gran frase. No hubo una confesión desgarradora. Sólo un gesto. Una respiración contenida. Una emoción escrita con lágrimas en los ojos. Y es una de las escenas que más ha resonado con los lectores.

Ainara, un personaje central en mi nueva novela La orquídea negra, es otro ejemplo. Su historia ha ido tomando forma con tanto realismo, con tanto dolor, que me cuesta escribirla sin sentir que también me duele a mí.


La música del silencio

Al igual que en la música, donde los silencios no son meras pausas sino elementos activos que dan forma y sentido a la melodía, en la literatura los silencios narrativos cumplen una función esencial. Un compás de espera entre notas puede ser tan conmovedor como un acorde completo; de la misma manera, lo que no se dice en una historia puede resonar con tanta fuerza como las palabras escritas. El lector —como el oyente— interpreta esos espacios en blanco, los llena con su experiencia, sus emociones y sus intuiciones. La verdadera maestría narrativa, como la musical, reside en saber cuándo hablar... y cuándo callar.


Escribir no es mentir

La ficción no es mentira. Es, muchas veces, más honesta que la vida. Por eso, las emociones que no se dicen pero que se sienten son el lenguaje más puro que puede tener una historia. Un lector percibe cuando una emoción es fingida. Pero también percibe —y agradece— cuando una emoción lo interpela desde la verdad, incluso si esa verdad no tiene palabras.


Ahora te pregunto a ti: ¿Has leído alguna historia en la que el silencio te haya conmovido más que cualquier diálogo? ¿Qué no dicho te ha dejado sin aliento? Me encantaría leerte en los comentarios y continuar esta conversación.

 
 
 

6 comentarios


Rafa Miranda
Rafa Miranda
26 may 2025

El silencio da color a la narrativa. El silencio nos permite llenar a los personajes de humanidad y de nuestras propias experiencias. El silencio puede ser contemplativo, aterrorizante, conmovedor y mucho más. El silencio en ocasiones grita.

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Invitado
20 may 2025

Qué maravilla, Rafa. Cómo dices lo que dices y lo que no dices. Gran profesional, te admiro.


Los silencios son sobrecogedores, yo los trabajo mucho en el aula, allí es fácil. Aquí es un arte.


Me ha venido el recuerdo del silencio que sigue a l párrafo inicial que Añbert Camus utiliza en su obra El extranjero: "Hoy ha muerto mamá. O quizas ayer. No lo sé. Recibi un telegrama del asilo. Fallecío su madre."

Todo lo que sigue es silencio en los adentros.


Un arte, como digo. Enhorabuena Rafa

Un Hoy a

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Juan Ramón Moscad
19 may 2025

Este artículo me ha hecho recordar la gran canción que Pastora Soler presentó en Eurovisión, "Quédate conmigo", donde el autor interrumpe todos los instrumentos para que solo se oiga la voz de la cantante en una frase o grito, donde emerge solo su voz unos segundos para volver a aparecer las dos cosas fundidas hasta el final. He asociado el silencio de un relato que dice más cosas que la palabra, con que el silencio de la música durante unos segundos hace emerger la voz potente de la cantante, para ponerla en valor durante ese tiempo. Veo como un paralelismo con lo que dices. Artículo muy bueno.

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Juan Ramón Moscad
19 may 2025

Otro día te comento que muchas veces un autor escribe palabras que cogidas de un libro de sinónimos, para parecer más culto, ponen al lector en una situación de mal humor porque tiene que buscar más de una para entender el significado de la frase. Continúa...

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Invitado
19 may 2025

Rafael

Buenas tardes


Es en el silencio donde la observación adquiere hondura, donde cada gesto, cada sombra, cada matiz adquiere un significado que la palabra no alcanza.


María Soaje

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Invitado
19 may 2025
Contestando a

Buena descripción María. Saludos. Un beso, Ramón.

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