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La escritura como terapia: cuando el alma se pone frente al espejo

Esta entrada nació gracias a una conversación con mi amigo Juan Jesús L. de Guevara, quien me recordó algo esencial: escribir no solo es un acto creativo, también puede ser un acto profundamente terapéutico. A veces, sin darnos cuenta, nos sentamos a escribir una historia y terminamos abriendo una ventana a nosotros mismos.

Hay un fenómeno extraordinario que ocurre al escribir, y se parece mucho a lo que pasa en una buena sesión de terapia: el acto de poner en palabras lo que habita nuestro psiquismo. Aquello que no ha sido dicho, lo que nunca ha tenido nombre, empieza a tomar forma en el papel. Y al hacerlo, se revela. Se desnuda. Se deja mirar.


El espejo no miente

El escritor frente al espejo
La escritura como terapia

Justamente por eso este blog se llama El escritor frente al espejo. Porque eso es lo que ocurre cuando escribo: me miro. No puedo mentirme. Las mentiras, cuando se intenta ponerlas en palabras, se sienten ajenas. No suenan bien. Se caen. En cambio, cuando me atrevo a decir algo verdadero, lo siento en la piel. La prosa fluye, los personajes respiran, y algo dentro de mí se acomoda.

Me he sorprendido muchas veces reconociéndome en los personajes que he creado. En sus decisiones, en sus silencios, incluso en sus errores. A veces descubro que sus reacciones no son invenciones puras, sino espejos de las mías. Y entonces aparece una pregunta poderosa: ¿por qué escribí esto así? Y en esa pregunta, se abre una ventana a mi inconsciente. Una ventana que de otra manera seguiría cerrada.


La escritura como terapia

No escribo para olvidar. Escribo para comprender. Para reordenar. Para traer a la superficie cosas que solo pueden curarse cuando encuentran su forma. Muchas veces, he llorado al escribir una escena, no porque estuviera siendo sentimental, sino porque me tocaba profundamente. Porque lo que decía el personaje —esa mujer rota, ese joven perdido, ese asesino desesperado— tenía algo mío escondido en sus palabras.

Escribir se ha convertido, entonces, en una especie de terapia continua. Una forma de sentarme conmigo mismo y decir: Hablemos con honestidad.


Una invitación desde este espejo

Quizá tú también escribes, o has pensado en hacerlo. No necesitas hacerlo para publicar, ni siquiera para compartir. Pero sí para permitirte una conversación contigo mismo que no tendría lugar de otra forma. Las palabras son puertas. Y a veces, la única forma de abrir ciertas puertas es escribiendo; es darle un lugar a la escritura como terapia.



Y si ya eres escritor o escritora, dime: ¿cuándo fue la última vez que una historia te curó?

Te leo.

 
 
 

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