La lectura como refugio
- Rafa Miranda
- 2 abr 2025
- 3 Min. de lectura
cómo los libros nos sostienen en los momentos difíciles
Hay momentos en la vida en los que el mundo parece demasiado abrumador, y encontrar consuelo se vuelve urgente. Para muchas personas, ese consuelo llega en forma de historias, de personajes, de páginas impresas que se convierten en salvavidas. Para mí, la literatura ha sido, desde muy joven, un refugio emocional, un hogar alterno al que siempre he podido volver cuando todo lo demás parecía fallar.

Cuando las palabras salvan
Tenía alrededor de ocho años cuando empecé a sentirme realmente inadecuado. Me costaba mucho conectar con mis compañeros, no entendía del todo qué ocurría en clase y la experiencia escolar se me volvía cada vez más pesada. Más adelante supe que tenía un déficit de atención no diagnosticado, pero en ese momento sólo sabía que algo estaba mal. Fue entonces cuando llegaron a mis manos dos libros que cambiarían mi vida: La historia interminable y Momo, ambos de Michael Ende.
Con Bastian, escondido en el desván del colegio, sentí que alguien más entendía lo que era querer desaparecer del mundo. Con Momo, sentí que el tiempo podía volverse un aliado si uno aprendía a escucharlo. Esos libros no sólo me acompañaron: me salvaron. Así viví por primera vez el poder de la lectura como refugio.
Un aula transformada por la literatura
Poco después, otro libro marcó mi camino. En tercer grado, un profesor nos leía Charlie y la fábrica de chocolates al final del día como recompensa por nuestro buen comportamiento. Era el mejor momento de la jornada. Ese libro era un bálsamo, un mundo mágico donde todo era posible, incluso para un niño que no se sentía del todo parte de su entorno. Creo que ese fue el momento en que me enamoré para siempre de la literatura.
El primer hogar literario
De todos los libros que leí en mi infancia, La historia interminable fue mi primer gran amor literario. Ese libro me acompañó, me sostuvo y me transformó. Aún lo leo con ojos asombrados. Cada página me recuerda que hay historias que no terminan nunca, que se nos quedan pegadas al alma.
Tolkien: un refugio adulto
En mi vida adulta, vuelvo constantemente a El señor de los anillos. Hay algo en el viaje de Aragorn que me reconcilia con mi propia humanidad. Es un hombre que duda, que siente miedo, que carga con un legado inmenso, pero que sigue adelante con determinación. Su frase "no todos los que deambulan están perdidos" es una máxima que me ha acompañado durante años. Me ha recordado que explorar no es lo mismo que estar perdido, y que cada paso, incluso los inciertos, construyen un camino.
Cuando leer se vuelve reflexión
Leer no es solo entretenimiento. Leer es enfrentarse con uno mismo. En libros como El lobo estepario de Hermann Hesse o Los abismos de Pilar Quintana, he encontrado reflexiones que han calado muy hondo en mí. Estos libros me han hablado de épocas, de relaciones, de angustias contemporáneas. Me han permitido verme desde fuera, pensarme y repensarme. En ese sentido, sí: los libros sanan. No de forma milagrosa ni inmediata, pero sí de forma profunda y duradera.
La lectura como refugio para mis lectores
Hoy, como escritor, he tenido el privilegio de que algunos lectores me digan que encontraron refugio en mis personajes, que se vieron reflejados, que compartieron su dolor. Esos comentarios me conmueven profundamente. Porque sé, desde lo más íntimo, lo que significa encontrar en un libro un lugar seguro. Me han contado que al final de mi novela, incluso aquellos personajes que creían detestar, les provocaron una piedad inesperada. Y eso me dice que la literatura, bien contada, bien vivida, tiene el poder de transformar.




Sentir la inspiración en libros com Ilusiones y Juan Salvador Gaviota de Richard Bach y cuestionarse espiritualmente con Adonay de Jorge Adoum. Repensar la sociedad y la política con Las Memorias de Adriano o las historias de los estoicos. Vivir aventura y sentir adrenalina con Robinson Crusoe. Cuestionar los principios y comportamientos unidos al temor, con tu libro La Semilla de la Locura.