Migrar: Una historia en tránsito
- Rafa Miranda
- 8 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Nunca pensé que escribiría una entrada como esta.
No porque no supiera que emigrar marcaría mi vida, sino porque hay cosas que uno vive más con el cuerpo que con las palabras.

Sin embargo, hoy —mientras intento volver a este blog que se me ha escapado entre trámites, horarios y mapas nuevos— siento que necesito escribir esta historia.
Aunque no esté terminada.
Aunque aún esté en tránsito.
Porque eso es exactamente lo que soy ahora: una historia que todavía no llega.
Migrar es escribir en presente imperfecto
Todo empezó con el sueño de mi hija: estudiar teatro musical. En Colombia le dimos escenario, formación, pasión… pero también vimos claro que su sueño tenía techo. Uno bajito. El país no estaba listo para sus alas.
Así que tomamos una decisión: emigrar, para que ella pudiera volar más alto. Teníamos la nacionalidad española por parte de mi esposa y mi hija. Teníamos el deseo, y también, aunque no lo dijera en voz alta, yo tenía una necesidad personal de encontrar un país más lector, más amable con la palabra, más justo con el oficio docente.
Migramos por ella, sí.
Pero también por nosotros.
Lo que uno deja y lo que uno se trae puesto
No soy de los que migran huyendo. Tampoco vine buscando la postal perfecta.
Dejé atrás a mi familia. Dejé afectos. Dejé un nombre ya construido. Pero me traje algo más importante: la voluntad de futuro. Hoy no me ancla la nostalgia. Me empuja la esperanza.
No extraño el miedo. No extraño la prisa. No extraño vivir para producir, y aunque hay cosas que duelen, también hay cosas que ya no pesan.
La burocracia no es exilio, pero a veces se siente así
Si hay algo que no cambia de país en país, es la confusión de los trámites.
España nos ha recibido con calles que invitan a caminar… pero también con laberintos administrativos que agotan, que invisibilizan, que te recuerdan que aquí aún eres una historia sin traducción oficial.
He tenido que adaptarme a una industria de la enseñanza del inglés que muchas veces se quedó detenida en el tiempo. Una industria que sigue adherida a la enseñanza de la gramática, a sabiendas de que la lingüística pasó esa página hace ya décadas.
Mientras tanto, la escritura se ha ido quedando atrás. No por falta de ganas, sino por falta de aire.
Mi novela —La orquídea negra— se me ha alejado un poco, y duele.
Pero no me rindo. Sé que escribiré desde aquí. Desde este nuevo lugar. Desde este nuevo yo.
El momento en que supe que valía la pena
Hay decisiones que uno toma con la cabeza. Pero hay otras que solo el corazón puede confirmar.
Caminábamos por la Gran Vía. Empezó como una tarde cualquiera, pero no lo fue.
Ella miraba a los lados. Los teatros, las luces, las marquesinas… todo era promesa. De pronto, la vi detenerse frente a uno en particular. Leyó los nombres. Reconoció un musical en que ella había participado como parte de su formación. Sus labios se movieron con la canción.
Sus ojos —esos ojos que conozco desde que aprendieron a nombrar los sueños—se iluminaron.
No dije nada. Solo la observé. Y entonces mis ojos también se llenaron. Lo supe porque no veía bien. Estaban llenos de lágrimas de un alivio que había esperado por años. Porque supe que ese momento justificaba todo: los papeles, la renuncia, la espera, la nostalgia, la reinvención.
Migrar había valido la pena. No por mí. No por los trámites resueltos. Sino porque sus ojos encontraron una ciudad que los reflejaba.
Ahí entendí que no estábamos huyendo. Estábamos llegando.
A veces basta un segundo de luz en los ojos de tu hija para saber que elegiste bien.
Del país que fui al país que quiero escribir
He cambiado.Camino más despacio. Respiro más hondo.Ya no paso la vida en un carro. Ya no enseño desde la urgencia.Ya no escribo desde el agotamiento.
Y aunque ahora soy un escritor en pausa, me siento más cerca de volver a escribir con una voz distinta. Una que ya no mira tanto hacia atrás. y que quierenarrar esta nueva vida, sin adornos ni quejas, con la verdad que nace cuando uno empieza de cero sin vaciarse por dentro.
Emigrar me ha quitado certezas. Pero me ha devuelto preguntas. Y en esas preguntas, creo, está el germen de los próximos libros que vendrán.
Esta historia no termina aquí
Todavía no estoy instalado.Todavía no tengo respuestas.Pero escribo estas líneas como quien clava una estaca en el suelo para decir: aquí empiezo. Aquí sigo. Aquí también puedo contar.
Porque migrar no es dejar de ser. Es ser de otra manera. Es seguir siendo historia, aunque todavía no sepas el final.




Muchas gracias Juan Pablo. Ha sido un reto, pero un reto hermoso. España ha sido un lugar mágico que nos ha recibido con nuestros sueños y esperanzas y se ha convertido en un precioso escenario para ellas. Sé que lo que viene será hermoso.
Acompañándote desde la alegría y la admiración, a ti, mi compañero de colegio, mi camarada —como solía decir un profesor—. Porque eso seguimos siendo, a pesar de no volver a hablar con frecuencia, siempre recordándote como esa gran persona, bacana y excelente conversador.
Estaré allá, celebrando tus logros, y en familia hablaré una y otra vez del amigo que emigró por amor al desarrollo de su familia. ¡Vuela alto, Rafa! Un abrazo, nos vemos pronto.
Con cariño, mis mejores deseos: sé que te va a ir muy bien.
🌻🌹🌱
Querido Rafa
Es un verdadero honor recibirte en nuestra tierra.
Tu presencia y la de tu familia son motivo de alegría y de encuentro entre culturas hermanas.
Que este nuevo camino que emprendes esté lleno de oportunidades, aprendizajes y sueños cumplidos.
Tu esposa encontrará aquí un espacio de acogida y tu hija, en sus estudios, la posibilidad de crecer y proyectar su futuro con esperanza.
Recuerda que esta tierra te abre los brazos, y que la riqueza de tu palabra y tu experiencia se sumarán a la nuestra.
Bienvenido, que tu paso por nuestro país sea luz, inspiración y motivo de nuevas páginas en tu historia personal y literaria.
María Soaje
Te deseo lo mejor a ti y a tu familia. Como español confío en que os acojamos todo lo bien que os merecéis y que consigáis todos vuestros objetivos, pese a todas las trampas burocráticas que se os pongan.